Cuando tenía casi 18 años, en 2007, tuve un accidente de tráfico que me causó una lesión medular, concretamente una tetraplejia. No tengo movilidad en brazos ni piernas y preciso de un ventilador mecánico para respirar. Así pues, desde entonces, a mis padres y a mí nos cambió al instante la forma de ver y afrontar la vida. Nuestra única opción posible era: seguir hacia adelante.
Soy una persona alegre, curiosa, ordenada y comprometida, por lo que me exijo y administro para cumplir objetivos, alcanzando los resultados deseados. Habitualmente doy prioridad a lo que es más importante. Gracias a los avances de la tecnología, puedo manejar un ordenador con un joystick en la boca y hacer de todo a plena capacidad, asumiendo cualquier tipo de trabajo o gestión.